La basura y el colapso de nuestra sociedad
Viernes, 04 de Abril de 2008 01:00
Escrito por Patricia Aguilar
Jared Diamond, autor de dos exitosos libros en los que analiza el desarrollo de las sociedades a través de la historia, explica pormenorizadamente las causas identificables del dominio de unos pueblos sobre otros y los orígenes del fracaso y extinción de sociedades que llegaron a florecer.
En su libro Armas, gérmenes y acero (Editorial Debate), Diamond postula que la actual supremacía europea, con sus inmigrantes en cada continente, tiene su base en la utilización temprana de los elementos medioambientales de las culturas precursoras de la moderna civilización occidental. Enfoca su discusión hacia el desmantelamiento de propuestas racistas que explican la posición de vencedores y vencidos en una incapacidad natural de ciertas razas para organizarse socialmente y promover el progreso en todas sus concepciones.
En un segundo libro, Colapso (Editorial Debate), Jared Diamond analiza la otra cara de la misma moneda: ¿Por qué mientras algunas sociedades que se elevaron a la cúspide de la supremacía se han mantenido exitosas, mientras que otras autoinfligieron su destrucción?
El análisis histórico en el que basa sus argumentos es suficientemente sólido para ser tomado en serio y derivar lecciones que en el curso de nuestros días y en nuestro entorno inmediato son relevantes.
En Colapso, el argumento central es que la incapacidad de preservar los recursos naturales que permitieron a cada sociedad su florecimiento, provocó su declive y aniquilamiento. La Civilización Maya dejó vestigios arqueológicos que permiten saber que era una sociedad con una estratificación social compleja, con conocimientos matemáticos y astronómicos avanzados, con un sistema agrícola eficiente para sostener una densa población humana que bullía en actividades manuales, artísticas e intelectuales. Su declive puede interpretarse como un misterio o bien, puede decirse que fue a causa de guerras entre pueblos o rebeliones. Sin embargo, el autor presenta datos fundamentados en los más recientes descubrimientos de especialistas de todas las áreas, que revelan que la causa del colapso de esta sociedad fue, fundamentalmente, la destrucción consciente o inadvertida del hábitat natural por sus pobladores.
La destrucción de los recursos naturales se advierte una y otra vez en los ejemplos que Diamond presenta como generadores del colapso social, desde la antigüedad hasta la era moderna. Los casos de Haití y de Ruanda son emblemáticos de la autodestrucción social derivada de la depredación del medio ambiente.
Con tal contundencia, y ante la impresión informada o intuida, de que la preservación de nuestros ecosistemas son inherentes a nuestro futuro como sociedad, uno se pregunta ¿cómo es que hay funcionarios públicos que insisten en propiciar el deterioro de nuestro entorno justamente cuando a ellos les compete ser guardianes del bienestar común?
Hace un par de semanas, y después de ver el conmovedor documental de Franceso Taboada Los 13 Pueblos, acudí con mi familia y amigos a recorrer la zona de la Loma de Mejía, en la que se pretende instalar el multidiscutido relleno sanitario para depositar la basura de Cuernavaca. Me sorprendió el prolongado recorrido para llegar al sitio, primero para salir de Cuernavaca por la avenida Morelos Sur, hasta el Polvorín, para luego tomar la carretera federal a Acapulco por un tramo de tráfico intenso y un peligroso descenso sinuoso. Posteriormente, a la altura de la ex Hacienda de Temixco, se debe tomar la desviación hacia las colonias Rubén Jaramillo y Lauro Ortega para recorrer una red de angostas calles repletas de topes, debido a la densidad poblacional de la zona.
El recorrido requiere desplazarse varios kilómetros hacia el sur para después transitar en sentido inverso y de subida la misma distancia. Puedo imaginar los pesados camiones cargados con más de siete toneladas de basura, en horas de tráfico intenso, saltando topes por zonas densamente pobladas, viajando hasta Temixco para, con su carga cuesta arriba, llegar a depositar la basura en el susodicho relleno sanitario. Con lo que eso implica en gasto de combustible y desgaste de vehículos. Me parece inconcebible un proyecto técnica y financieramente eficiente en este escenario.
Lo siguiente que vi no me provocó sorpresa sino estremecimiento, al recorrer la Loma de Mejía y percatarme de que el depósito de desechos está planeado en celdas que se ubicarán en el lecho formado por la unión de dos lomas. ¿Qué pueden hacer los promotores del proyecto para desviar el agua que de manera natural escurrirá sobre cada loma en tiempo de lluvias? ¿Cómo controlar las corrientes que con cada aguacero encuentran su cauce natural en la unión de estas dos lomas? Entiendo que el proyecto comprende la construcción de un pozo de tratamiento de lixiviados, esto es, los “jugos” que la basura genera. Sin embargo, ¿cómo asegurar tener la capacidad de tratamiento y bombeo cuando el agua de lluvias se una a los lixiviados y adónde los bombearán si todos los escurrimientos de este sistema de lomas y barrancas llegan inevitablemente al Río Apatlaco?
Ante la magnitud del desastre ecológico previsible me pregunto si los promotores y seguidores de esta propuesta no están apostando a nuestra decadencia, al colapso acelerado de nuestra sociedad. ¿Por qué la insistencia de construir ahí precisamente el relleno sanitario? ¿Qué intereses implícitos hay en esta apuesta a la autodestrucción?
Convoco a los técnicos postulantes, políticos y defensores del proyecto a que con humildad acepten que son humanos, no dioses que puedan revertir las tendencias que la historia nos enseña.
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